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La relatividad del tiempo

 

Nuestros antepasados tomaban al tiempo como la oportunidad de aprender cada momento y de dar todo lo que su ser y corazón les entregaba para compartir

 

El tiempo es quizá una de las cosas más difíciles de definir, probablemente por los diferentes conceptos que cada uno de nosotros tenemos.

 

Es algo que podemos sentir que vive en y entre todos los que poblamos este lugar. Pero para otros significa el paso de la vida o el transcurrir de la evolución.

 

En realidad no existe un concepto exacto sobre lo que es el tiempo, ya que es sólo un tipo de fantasma o verdugo que hemos creado para limitar nuestro ser y proceder.

 

Es como una especie de justificación a nuestros buenos o malos actos; un tipo de salvación para unos o de perdición para otros, aunque de hecho es sólo una limitación de ser y hacer.

 

 

 

Un enlace con la evolución

Este concepto que hemos heredado generación tras generación, en los tiempos de esplendor de nuestros antepasados no significaba lo que es hoy.

 

Para las antiguas civilizaciones, como las precolombinas, sólo representaba el transcurrir de la vida en evolución, sólo era utilizado para saber sobre su evolución en una forma de energías-tiempo, no como límite-tiempo, como es empleado en la actualidad.

 

Entre estas culturas el tiempo en una persona no significaba el término de la misma, sino que el tiempo transcurrido en alguien era el depósito de sabiduría; el saber que si pasaba entonces más enseñanza se recibía del cosmos, de la tierra, de los hombres y, principalmente, de Dios.

 

No conocían los límites que ahora el tiempo nos da; sólo sentían el paso de la enseñanza sobre su alma; sentían que tenían la oportunidad de aprender cada momento y de dar todo lo que su ser y corazón les entregaba para compartir.

 

 

Truncador de sueños

Sin embargo, desgraciadamente nosotros tomamos de una forma equivocada este concepto. Para las personas el tiempo es el transcurrir de los segundos, minutos, horas, días, etc. y por esta división en la que todos estamos centrados, es que llevamos nuestra vida de una manera errónea.

 

Además, sentimos que el gran tiempo pasa y que con él se lleva todas las oportunidades o que quizá nos quita parte de nuestra vida.

 

Es también por culpa de esta mala definición que mucha gente no termina sus sueños y que jamás puede alcanzar sus metas pues siente que el inaplazable tiempo pasa sin detenerse.

 

Sentimos que sin la palabra tiempo no podremos seguir adelante con nuestros proyectos.

 

Otros no podemos lograr quizá nunca la unión con algún ser querido al que sentimos que hemos perdido de alguna forma dado que el tiempo pasó y lo fue alejando.

 

Pero, ¿podrá nuestra manera de concebir el tiempo cambiar nuestra sabiduría de corazón y de alma, nuestra manera de ser y de sentir?

 

La respuesta es no, y no obstante nosotros cambiamos en nuestras actitudes sólo con oír mencionar "tiempo".

 

Debemos recordar que nuestro ser y sentir se rigen con y por amor no por el tiempo; los más bellos y hermosos sentimientos duran y perduran por siempre a través del mismo tiempo.

 

Es así como debemos darnos cuenta de que el tiempo no puede limitar o hacer desaparecer lo más bello, que son las ilusiones, el amor, los anhelos y tantas cosas que sentimos que perdemos por creer que el tiempo llega sólo para arrebatarnos lo más preciado.

 

Pensamos que con él se fue la ilusión de seguir dando amor, amistad, perdones, alegrías y todo lo que sentimos.

 

 

 

 

El esplendor de la tercera edad

Los ancianitos son personas que pueden demostrar que el tiempo es sólo cuestión de risa o de tristeza. Pero si uno de ellos tiene su mismo corazón y cuerpo, ¿cómo es posible que nosotros lo limitemos sólo por nuestra equivocada definición del tiempo?

 

El tiempo sólo pasa por aquellas personas que dejan que pase sintiendo que se lleva todo, que es su fin y límite para vivir.

 

El amor y la fuerza es lo que nos enseñará a sentir que el tiempo no es importante para lograr las metas trazadas, sino que lo único importante es el deseo de lograrlo, el deseo de entregar triunfos al mundo, al cosmos, a Dios.

 

Muchos hemos sentido que hemos estado viviendo plenamente, que hemos logrado cosas buenas para nuestra vida, pero cuando tratamos de darnos cuenta del tiempo es cuando ya no estamos tan conformes con lo que hemos hecho.

 

Es entonces que empezamos a sentir que no podremos lograr nada más y nos dedicamos a vivir sólo de recuerdos, de aquellos recuerdos en los que no era importante tomar en cuenta el tiempo en nuestra vida, sino sólo tomar en cuenta nuestros sueños.

 

Así, nos obligaremos a vivir sólo sumergidos en los fantasmas creados por este verdugo de nuestras vidas, este desmedido afán por sentir que en todo hay un límite y un final.

 

En cambio, si hubiéramos actuado sin sentir que existe el tiempo, quizá habríamos seguido activos sin detenernos, logrando triunfos, alegrías y éxitos que podríamos alcanzar al no tomar en cuenta a este verdugo.

 

La posición que debemos de tener hacia este concepto nos debe hacer sentir que a través del tiempo podremos manifestar nuestro amor, que sea sólo la conciencia de nuestras alegrías, de nuestra felicidad y dedicarnos a vivir en amor sin pensar en que tenemos esto como límite.

 

Flora Rocha

Fundación Sabiduría del Corazón

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